Carta abierta al "compañero Intendente. Amigo Gerardo"
Gerardo, amigo:
Compañero Intendente. Algún dia -creo y espero- así serás recordado por todos quienes se precian de tenerte como bandera de esperanza para afirmar el cambio significativo que has tenido el coraje y la decencia de alumbrar, hacia una sociedad más justa y solidaria para tus pagos.
De la misma forma que otros, en otros tiempos, y otras latitudes -salvando las distancias- no encontraron mejor apelación para un conductor, que la horizontal, creativa, y plena de simbologías, de… Compañero Presidente. Cuyo ejemplo de integridad y dignidad se ha convertido en una heredad incomparable.
Maestro grande de patria chica. Ese es tu sino. Y eso eres para los tuyos. Estoy segurísimo de que así te ven muchos más coterráneos de lo que la “verdad oficial” -esa tramposa entelequia que todos conocemos a través de la desinformación organizada de los medios- pueda conceder. Porque mira que todos aprendemos cosas importantes al final de los tiempos oprobiosos… todos. O los más. Que es lo que importa.
Soplan otros vientos. Que tú ayudas a insuflar.
Nuevos, limpios, esperanzados… y es fácil percibir que, unos antes y otros después, vamos dejando atrás -inexorablemente- los rezagos de las estancias cimarronas. Y el autoritarismo de los caudillajes ociosos, con más dinero que ideas o ejemplos, se va cambiando por novedosas formas de mejor gobierno. De auto-gobierno.
Que respetuoso de la diversidad, se empeña por alcanzar horizontes de las más elementales formas de consenso y de justicia. Entre todos, y para todos. Sin exclusiones, y muchísimo más allá que cualquiera de aquellas viejas promesas, tan frecuentemente vacías y olvidadas
en los muros de ayer.
Estamos asistiendo al entierro de las mil formas del clientelismo y el camandulaje… con toda su carga de perversión implícita. Estamos suscribiendo y decretando, sufragio mediante, su torpe retirada. Y eso es lo que enerva a quienes se resisten a entender, y aceptar, que la idolatría y el vasallaje son conceptos extraviados en un oscuro ayer de dueños y obsecuentes… Y que hay cosas que no se pueden comprar.
Por eso no nos tienen que sorprender las mentiras, los mensajes implícitos y las amenazas explícitas: son los desesperados coletazos de la pérdida de poder. Es el signo más evidente del miedo visceral que los va invadiendo…
Dejémoslos agonizar en paz... y en la más elocuente soledad. Es lo que merecen: la indiferencia de quienes están ocupados en soñar, en proyectar, en construir… en prepararse para otros cinco años de gobierno honrado. Justo. Eficiente. Y con un manantial de ideas que todos te ayudaremos a consolidar.
Compañero Intendente, con tantas expectativas como tus coterráneos, somos muchos los uruguayos que -aún a la distancia- te estamos “balconeando” con indisimulado entusiasmo e interés, en este proceso generalizado de felices y promisorias
transformaciones.
Adelante! Sigue alumbrando el sendero. No le pidamos a nadie, otra adhesión que la de su confianza. Manifestación soberana que sólo deberá ser capital -honesta y fiel a sus más íntimas convicciones- en la intimidad del cuarto secreto. Todo lo demás, que sean espejitos para blanquear ilusiones…
Afectuosamente, y con el respeto irrestricto de siempre… Hasta la victoria!
Lá de longe,
Familia RODRIGUEZ de ALMEIDA